Modernidad y patrocinio cultural van de la mano en pleno siglo XXI. Patrocinio cultural no entendido necesariamente como punto de partida y de llegada de la donación económica. La empresa tiene en sus manos distintas técnicas para mostrase socialmente responsable frente a la comunidad más cercana. Ante la decisión de tomar el camino de la responsabilidad social, la mayoría de empresarios consideran que primero deben ganar dinero para luego poder destinarlos a fines no lucrativos.

Sostienen que no pueden distraer recursos propios en algo que no sea el propio beneficio. Es decir: cuando éste supere unos mínimos concretos, entonces acaso puedan plantearse una actuación socialmente responsable. Sin embargo, no es necesario llegar a este punto para proponer acciones de responsabilidad social corporativa. Por ésta no ha de circunscribirse necesariamente a la premisa del mecenazgo, insisto, de índole económica.

La voluntad de cooperación y aportación social puede ir mucho más allá, siempre al margen de la hoja de servicios propios del sector en el que la empresa se enmarque. ¿No es la gestión cultural que ofrezca contenidos a la sociedad -a todo tipo de público- un modo de aportar al bien público desde la iniciativa privada? ¿Por qué una empresa más o menos consolidada -o incluso en fase de asentamiento- no puede gestionar -al margen de su especialización sectorial específica- la organización integral de políticas culturales que se ofrezcan sin ninguna clase de contraprestación dinerario al bien público? ¿Un despacho de abogados, una clínica, una compañía d seguros y un medio de comunicación no están capacitados, por ejemplo, para crear alianzas de reciprocidad en torno a un proyecto de generación de contenidos culturales ofrecidos a los ciudadanos como un servicio público o como una sucesión de consultas abiertas de acceso gratis y sin coto de ninguna clase? Es un ejemplo, ya digo, elegido a bote pronto.

La tendencia de futuro adopta estos moldes. Acciones cooperativas de responsabilidad social. Acciones cooperativas sin ánimo de lucro. Acciones cooperativas… o no. Pero socialmente responsables siempre. Desde la alianza o desde la unicidad. Hay una verdad de Perogrullo: la responsabilidad social empresarial no se improvisa. Tras una decisión estratégica, existe un largo proceso de planificación y lenta implantación del nuevo estilo empresarial, que afecta tanto a los públicos internos como a los externos.

Paralelamente, y considerando igualmente el patrocinio cultural como una forma de expresión cívica, cabe subrayar que estas iniciativas dotan a la empresa de una dimensión social y cultural responsable, creando un clima de confianza. Para estar a la altura de los tiempos actuales. Por esta razón me satisface enormemente que Alberto Villagrán Inmobiliaria haya apostado por este espacio periodístico –Ésta será tu casa– de generación de contenidos culturales. Contenidos que abarcarán las más diferentes disciplinas del sabor. Con firmas prestigiosas de opinión y con entrevistas de calado didáctico y social. Construyendo un patrimonio cultural de formación e información.

Y es que, como señala Manuel Palencia-Lefler Ors (Universitat Pompeu Fabra) en su artículo Donación, mecenazgo y patrimonio como técnicas de las relaciones públicas al servicio de las responsabilidad social corporativa, el mecenazgo y la creatividad “dotan a la empresa de una ejemplar dimensión social y cultural, permite vivir la gran aventura de la belleza en sus múltiples modalidades, así como comparte la riqueza cívica y responsable”. No cabe concepción más integradora. Más transparente. Más noble.